
Enlazando pensamientos, en esos momentos en los que uno sale, de alguna manera, de sí mismo y unos pensamientos le llevan a otros, acabé acordándome de viejas amistades. Eso me provocó añoranza en algunos casos y repulsa en otros, y terminó desembocando en una profunda reflexión sobre lo que la amistad significa.
Creo que hoy en día, donde las redes sociales nos hacen tan populares, uno acaba perdiendo un poco la noción de quienes son sus verdaderos amigos. A pesar de sólo tener en Facebook a gente de mi agrado, a la que aprecio y recuerdo con cariño, no con todas esas personas guardo el mismo grado de amistad ni comparto las mismas cosas. Y algunas de ellas, sin ellas saberlo, hay veces que me han defraudado, con comentarios que preferiría no haber leído sobre temas que quizás nunca hubiésemos tratado en persona.
Y a cuenta de eso viene el valor que cada uno le da a la verdadera amistad. Sinceramente me trae sin cuidado a cuánta gente le gusta mi estado o cierto comentario que hago. Me importa más quién se preocupa de cómo me siento o de qué tal estoy, que cuesta un poco más que pulsar un botoncito de "Me gusta". Aunque suene cruel, todos sabemos que los verdaderos amigos son bien pocos, y algunos de ellos cambiarán con el paso de los años. Además, no se puede ser amigo o caerle bien a todo el mundo.
Para mí, un amigo es aquel que se preocupa por nosotros, aquel que cuando estamos lejos nos echa de menos y el que siempre está ahí con una sonrisa cuando se le necesita o una palabra de apoyo en los momentos difíciles. O aún más, aquel con el que, sin tan siquiera hablar, sabes que está ahí siempre que lo necesites. Aunque no queramos ser conscientes, todos sabemos que tenemos pocos amigos de verdad, pero a esos pocos los queremos mucho.
Reconozco que me he comportado mal como amiga en alguna ocasión, que alguna vez he decepcionado a alguien por propio fallo o por simple despreocupación, lejanía, tiempo... Pero por eso mismo no lo acepto como excusa. Discrepo en considerar que no importa que haga años que no hablas con una persona, que eso no cambia nada y la amistad sigue siendo la misma. No es cierto. El tiempo nos cambia a todos, pero deja el recuerdo de lo que un día fue. Puede que un buen día, al reencontrarnos con alguien, esa persona haya dejado de ser tal y como la recordábamos y la imagen que teníamos de esa amistad se esfume de repente. Por eso, en ciertas ocasiones, es conveniente dejar el pasado atrás.
Siempre me ha resultado gracioso al cambiar de ciudad o de país escuchar a la gente de mi alrededor decirme: "No te preocupes, si tú rápido haces amigos". Y precisamente me hacía gracia porque no es así. Yo me relaciono con facilidad, pero no por eso se hacen amigos, pues la amistad requiere tiempo y dedicación. Con todo, reconozco que en alguna de esas aventuras en las que me embarqué, para mi sorpresa, conocí a personas que me marcaron mucho y a las cuales considero amigos para toda la vida. Y al mismo tiempo, a otros de los que dejé aquí, en los cuales confiaba y por los que hubiera puesto la mano en el fuego, tuve que decirles, recordando a Amparanoia: "Adiós, mi corazón, y que te den, que te den por ahí, que no me supiste dar ni un poquito lo que te di a ti".
Quería dar las gracias a los buenos amigos, y a los otros, y a los que no me han llamado en 5 meses o a aquellos con los que no he hablado en 2 años, a los ocasionales que apenas me recuerdan, a los figurantes y también gracias a los que decidí que no quería volver a ver... porque sin todos ellos, no sería posible contar esta historia, y porque ellos han hecho mi vida más feliz, bien por estar ahí o bien por haberse largado.
[Imagen: Picasso:"La amistad" http://www.todocuadros.com/tienda/reproducciones-oleo/picasso/la-amistad]

