Todavía no tengo muy claro cómo ni por qué se inició el "conflicto" en Siria. Digo el "conflicto" porque vivimos en la era de los eufemismos. Porque no es un conflicto, es una masacre en toda regla. Es una noticia más en el telediario, entre las elecciones francesas y el partido de La Roja. Es un día tras otro viendo cómo todos los países de la ONU tuercen la cara a la realidad de los brutales asesinatos. Me da igual el por qué. Sólo veo el resultado: muerte, destrucción de un país, desolación y secuelas psicológicas que tardarán años en desaparecer.
¿No hay nadie que se atreva a entrar a la casa de Bashar al Assad y pegarle un tiro en la cabeza? ¿De verdad no hay nadie capaz de frenar este tipo de situación? Tantos políticos, tantos ejércitos, tantos estudiosos y nadie tiene agallas para intervenir. Me da asco este mundo de diplomacia e intentos de evitar conflictos internacionales. Somos unos mierdas que no hacemos nada por temor a que China o Rusia se enfaden. Pues que se enfaden, que nos lancen bombas y que se acabe esto de una vez. A lo mejor volviendo a empezar las cosas salen mejor, porque desde luego, peor ya no podrían ser.
No somos más que el producto de la fábrica que hemos construido. Una fábrica de mierda que se recicla, devorándose y vomitándose a sí misma. Un producto con un envoltorio exterior más elegante y un contenido más podrido cada vez.
lunes, 11 de junio de 2012
jueves, 12 de abril de 2012
El adiós definitivo
Oyes su voz y lloras. Sabes que no volverás a escucharla. Se despide de ti. Te dice: "adiós, bonita, adiós"
Y sientes remordimientos. De los años sin coger el teléfono, dejándolo sonar sin responder. De las falsas promesas de que algún día irás a visitarla. Lloras y notas cómo los malditos remordimientos te desgarran por dentro. Vuelven recuerdos de hace muchos años, de días felices en los que todo el mundo era bueno. Y al cabo de un rato, parece que se se te olvida, parece que nada ha sucedido, que todo sigue igual.
Pero no es cierto, porque al poco tiempo, la terrible noticia se hace realidad. Entonces comprendes que aquel adiós fue el último y que aquella voz que no quisiste escuchar, ya nunca volverá a ser oída. Ahora no sólo lloras sino que quieres gritar, pedirle al cielo que te perdone, porque ella ya no podrá hacerlo. Ese es su adiós definitivo.
Y sientes remordimientos. De los años sin coger el teléfono, dejándolo sonar sin responder. De las falsas promesas de que algún día irás a visitarla. Lloras y notas cómo los malditos remordimientos te desgarran por dentro. Vuelven recuerdos de hace muchos años, de días felices en los que todo el mundo era bueno. Y al cabo de un rato, parece que se se te olvida, parece que nada ha sucedido, que todo sigue igual.
Pero no es cierto, porque al poco tiempo, la terrible noticia se hace realidad. Entonces comprendes que aquel adiós fue el último y que aquella voz que no quisiste escuchar, ya nunca volverá a ser oída. Ahora no sólo lloras sino que quieres gritar, pedirle al cielo que te perdone, porque ella ya no podrá hacerlo. Ese es su adiós definitivo.
domingo, 18 de marzo de 2012
La ciudad de la incultura
No puedo dejar de pensar en ella: Una ciudad tan vacía por dentro como fría por fuera. Una naturaleza muerta, carente de vida verde. El esqueleto perfecto del intelectual que nunca llegará a ser. La magnífica obra que termina de dejar patente la ineptitud de todos nuestros dirigentes y la imbecilidad de nuestros vecinos. Una urbe silenciosa y hueca, hecha a medida por y para los incultos. Con todos ustedes: la ciudad de la incultura.
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