Todavía no tengo muy claro cómo ni por qué se inició el "conflicto" en Siria. Digo el "conflicto" porque vivimos en la era de los eufemismos. Porque no es un conflicto, es una masacre en toda regla. Es una noticia más en el telediario, entre las elecciones francesas y el partido de La Roja. Es un día tras otro viendo cómo todos los países de la ONU tuercen la cara a la realidad de los brutales asesinatos. Me da igual el por qué. Sólo veo el resultado: muerte, destrucción de un país, desolación y secuelas psicológicas que tardarán años en desaparecer.
¿No hay nadie que se atreva a entrar a la casa de Bashar al Assad y pegarle un tiro en la cabeza? ¿De verdad no hay nadie capaz de frenar este tipo de situación? Tantos políticos, tantos ejércitos, tantos estudiosos y nadie tiene agallas para intervenir. Me da asco este mundo de diplomacia e intentos de evitar conflictos internacionales. Somos unos mierdas que no hacemos nada por temor a que China o Rusia se enfaden. Pues que se enfaden, que nos lancen bombas y que se acabe esto de una vez. A lo mejor volviendo a empezar las cosas salen mejor, porque desde luego, peor ya no podrían ser.
No somos más que el producto de la fábrica que hemos construido. Una fábrica de mierda que se recicla, devorándose y vomitándose a sí misma. Un producto con un envoltorio exterior más elegante y un contenido más podrido cada vez.

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