
Tenía el blog abandonado desde Agosto. Prácticamente todos los días me acordaba de él, pero siempre me daba demasiada pereza pensar en qué tema sería una propuesta interesante o apropiada. Al final, uno lo va dejando, y un día... ¡clin! Se vuelve a encender la bombilla.
Lo que pasa es que en el momento en el que la idea viene a la cabeza, a la vez vienen otra serie de pensamientos del tipo: ¿por qué necesito tener una idea que contar? Y así, me di cuenta de mi propio egoísmo. Hoy en día hay mucha gente que quiere compartir cosas, quiere sentirse observado, adorado, venerado, aplaudido o incluso envidiado, bien sea por su blog, sus estados en Facebook, sus comentarios en foros... Pero casi todo el mundo quiere formar parte de ese colectivo participativo, expresarse y destacar. Me incluyo, no puedo decir que no. Reconozco que desde que me bajé por ultima vez de los escenarios (de teatros pequeños y con poca afluencia) lo echo terriblemente de menos. Y así mismo, reconozco que tener un blog, publicar cosas en Facebook que considero interesantes o expresarme dondequiera que sea me hace sentir bien. Me devuelve, aunque en menor medida, al estado adrenalínico al que tan enganchada estuve durante años y que tanto añoro. Los nervios de antes y los aplausos de después.
Por ahora, por motivos personales, no contemplo la idea de volver a actuar (tampoco creo que nadie vaya a echarme de menos), pero intentaré seguir con este blog para mantener viva mi sed de aportación. No me importa si nadie lo lee, porque simplemente será mi vía de escape. Como cuando me ponía la máscara neutra. Carecía de ciertas partes de la expresión, pero todavía quedaban los ojos.
Leí un artículo esta mañana que decía:
«La costumbre humana de sobreestimar la felicidad de los demás no es nada nuevo, por supuesto. Jordan señala una cita de Montesquieu: "si sólo quisiéramos ser felices sería fácil; pero queremos ser más fáciles que los demás, lo que casi siempre es difícil, porque nos los imaginamos más felices de lo que son". Sin embargo, las redes sociales podrían estar empeorando esta tendencia. Los estudios de Jordan no se centran explícitamente en Facebook pero, si sus conclusiones son correctas, de ellas se sigue que el sitio tendría un poder especial para hacernos sentir más tristes y más solos. Al mostrar un escaparate de las versiones más simpáticas, gozosas y resumidas de las vidas de las personas, y al invitar a comparaciones constantes en las que tendemos a vernos como los perdedores, Facebook parece explotar un tendón de Aquiles de la naturaleza humana.»
Así que me quedo, de momento, con mi egoísmo y mi melancolía, esperando que no me afecte demasiado la felicidad de los demás.
Referencias:
Da pereza actualizar el blog, eh? Bueno, mientras actualices con cosillas interesantes ya esta bien que sea de tanto en tanto. Y no has pensado en buscar algun grupillo de teatro o algo parecido?? una amiga mia me decia el otro dia que habia vuelto a los escenarios y ademas ahora se dedicaba a llevar a un grupo de chavales tambien...
ResponderEliminarMe lo estoy pensando... ya veremos :)
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